Wednesday, June 30, 2010

Esto es África


Íbamos para la Reserva Natural del pantano de Vwaza, al noroeste de Malawi, uno de los secretos mejor guardados del país. Queríamos ver elefantes y relajarnos en un lugar tranquilo. Pero en el viaje nos enteramos que los precios eran más caros de lo que pensábamos y no se podía caminar solos por el parque sino que había que pagarle a un guía.

El destino nos deparó otra cosa. En la camioneta donde veníamos (una pick up con mas de 20 personas en la caja) le pedimos a una señora permiso para acampar en su casa. No sólo nos dejó sino que nos invitó a comer. Para coronar el mágico encuentro , sus hijos nos organizaron un partido de fútbol con el club local.

Tres días estuvimos en Kazuni Village, donde no hay luz artificial y el agua hay que buscarla en pozones de un rio seco donde se junta el agua de lluvia. Esto sí que es África.

Una Mala(wi)

Viajar sin saber muy bien dónde se esta yendo tiene sus altibajos. Malawi nos deparó uno de los bajos. En la frontera entendimos que los ciudadanos argentinos pagaban una visa de setenta dólares por un mes. ¿Por qué? No se sabe. Países económicamente poderosos como Estados Unidos y los miembros de la comunidad Europea tienen entrada gratis, pero muchos países mas humildes (incluyendo unos cuantos africanos) tienen que pagar visa. No fue un buen comienzo.

Tren de Dar Es Salaam - Mbeya










Noche de estrellas en Lushoto




Nunca nos saludaron tanto

Lushoto, al norte de Tanzania, es un pueblito tranquilo pero turístico. Al igual que en Moshi, estaba repleto de guías esperando cobrar para mostrarnos excursiones. Esta vez dijimos no, y elegimos caminar solos. Preguntando se llega a todos lados.

Subimos por unas colinas que parecían ser exclusivas para chicos. Estaba repleto y los saludos venían de todos lados. Escuchamos “jambo” (“hola” en suahili) y “mzungu” (“blanco” en suahili) millones de veces, desde los caminos, las casas y los árboles. La caminata valió la pena, llegamos a un mirador donde se podía contemplar una inmensa llanura cortada por una montaña redondeada por el soplido del viento.

Peace, Love, Respect

Entramos a Tanzania por Moshi, al pie del Kilimanjaro, y rápido entendimos como venía la mano: guías por todos lados. En menos de cinco minutos teníamos a diez personas alrededor diciéndonos dónde dormir, qué excursión hacer, dónde comer, etc. Las mochilas son un imán de vendedores.

Paramos para comer y decidir qué hacer, aunque más que nada para alejarnos de los guías. Después de un rato, más tranquilos, hablamos con dos rasta que nos llevaron a un Guest House muy barato. Con ellos arreglamos para hacer un excursión a una cascada al pie del Kilimanjaro. Nos describieron las rutas para hacer cumbre; sonaba increíble, pero muy caro para nosotros. Será para la próxima, siempre es bueno dejar cosas por hacer, así hay una excusa para volver.

Mapa de rutas del kilimanjaro

El primer picado

A diferencia de lo que se daba en el viaje por Latinoamérica, el primer picado que jugamos en África no fue en la playa sino en una canchita de tierra a lado del Mombasa Backpakers, en Mombasa, una ciudad costera de Kenia.

Todos los días a partir de las cinco de la tarde se junta gente del barrio a jugar a la pelota hasta que se ponga el sol. A nosotros nos invitó uno de los que trabaja en el hostel, que anda todos los días con una remera del Barcelona.

Las reglas son distintas a las que estamos acostumbrados: los arcos son chicos, se juega sin arquero, y los goles son sólo de cabeza o pegándole a cualquiera de los tres palos del arco. Sí, leyeron bien: para meter un gol hay que errarlo, pero de forma muy precisa. Empezamos bien, 4 a 1 arriba. Pelota al piso y todos los goles de tiros a los palos.

El partido terminó cuando el sol decidió dejarnos sin luz, pero con un resultado distinto al que esperábamos: 6 a 4 abajo. Estos muchachos no paran de correr y tienen un 9 que cabecea mas que Palermo.

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