
Lushoto, al norte de Tanzania, es un pueblito tranquilo pero turístico. Al igual que en Moshi, estaba repleto de guías esperando cobrar para mostrarnos excursiones. Esta vez dijimos no, y elegimos caminar solos. Preguntando se llega a todos lados.
Subimos por unas colinas que parecían ser exclusivas para chicos. Estaba repleto y los saludos venían de todos lados. Escuchamos “jambo” (“hola” en suahili) y “mzungu” (“blanco” en suahili) millones de veces, desde los caminos, las casas y los árboles. La caminata valió la pena, llegamos a un mirador donde se podía contemplar una inmensa llanura cortada por una montaña redondeada por el soplido del viento.

Entramos a Tanzania por Moshi, al pie del Kilimanjaro, y rápido entendimos como venía la mano: guías por todos lados. En menos de cinco minutos teníamos a diez personas alrededor diciéndonos dónde dormir, qué excursión hacer, dónde comer, etc. Las mochilas son un imán de vendedores.
Paramos para comer y decidir qué hacer, aunque más que nada para alejarnos de los guías. Después de un rato, más tranquilos, hablamos con dos rasta que nos llevaron a un Guest House muy barato. Con ellos arreglamos para hacer un excursión a una cascada al pie del Kilimanjaro. Nos describieron las rutas para hacer cumbre; sonaba increíble, pero muy caro para nosotros. Será para la próxima, siempre es bueno dejar cosas por hacer, así hay una excusa para volver.
Mapa de rutas del kilimanjaro
A diferencia de lo que se daba en el viaje por Latinoamérica, el primer picado que jugamos en África no fue en la playa sino en una canchita de tierra a lado del Mombasa Backpakers, en Mombasa, una ciudad costera de Kenia.
Todos los días a partir de las cinco de la tarde se junta gente del barrio a jugar a la pelota hasta que se ponga el sol. A nosotros nos invitó uno de los que trabaja en el hostel, que anda todos los días con una remera del Barcelona.
Las reglas son distintas a las que estamos acostumbrados: los arcos son chicos, se juega sin arquero, y los goles son sólo de cabeza o pegándole a cualquiera de los tres palos del arco. Sí, leyeron bien: para meter un gol hay que errarlo, pero de forma muy precisa. Empezamos bien, 4 a 1 arriba. Pelota al piso y todos los goles de tiros a los palos.
El partido terminó cuando el sol decidió dejarnos sin luz, pero con un resultado distinto al que esperábamos: 6 a 4 abajo. Estos muchachos no paran de correr y tienen un 9 que cabecea mas que Palermo.
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Diani, en la costa este de Kenya, es una de esas playas fácilmente describibles como
paradisíacas: arena blanca, agua celeste, palmeras, monos... Es un destino muy turístico, repleto de mzungus (“blancos”. en idioma Suahili), en su mayoría europeos. Y si hay mzungus, hay locales tratando de venderles cualquier cosa. En este caso son muy pero muy insistentes, y una vez que empiezan a hablar no paran por nada del mundo.
Fue sólo cuando sacamos la pelota y nos pusimos a jugar que detuvieron (al menos por un rato) su afán comercial y tocaron la pelota con nosotros.

A diez metros de nosotros. Imposible describirlo con palabras...
Aca van algunas fotos..






